Una reflexión sobre los “¿Qué como en un día?” ¿Nos inspiran o nos condicionan?
Vivimos en una época en la que las redes sociales forman parte de nuestro día a día. Plataformas como Instagram, TikTok o Facebook se han convertido en espacios donde encontramos información sobre salud, alimentación y bienestar de manera constante.
Como profesionales que trabajamos en el acompañamiento y tratamiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), somos conscientes del enorme potencial que tiene la divulgación nutricional. Acercar información basada en la evidencia puede ayudar a muchas personas a comprender mejor la alimentación y a desarrollar hábitos más saludables.
Sin embargo, además de informar, también influimos. Cada publicación puede llegar a miles de personas con historias, necesidades y experiencias completamente diferentes. No todas mantienen una relación sana con la comida. Algunas pueden estar atravesando un TCA, encontrarse en proceso de recuperación o presentar factores de riesgo para desarrollarlo. Por ello, creemos que es importante reflexionar sobre el impacto que puede tener la forma en la que comunicamos determinados mensajes.
Consideramos que la divulgación nutricional puede llegar a ser una herramienta valiosa, y os animamos a reflexionar sobre cómo pequeños detalles en la comunicación pueden influir, a veces sin que seamos plenamente conscientes, en personas especialmente vulnerables.
Las redes sociales educan… y también influyen
Diversos estudios han demostrado que la exposición frecuente a contenido relacionado con la alimentación, el peso corporal o los ideales estéticos puede influir en la imagen corporal, favorecer la comparación social y aumentar el riesgo de desarrollar conductas alimentarias desadaptativas, especialmente en personas vulnerables (Holland & Tiggemann, 2016).
Esto no significa que las redes sociales sean la causa de un TCA, ya que sabemos que estos trastornos tienen un origen multifactorial, en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales (American Psychiatric Association, 2022). Sin embargo, sí pueden convertirse en un factor que contribuya al mantenimiento o empeoramiento de determinadas conductas o creencias relacionadas con la alimentación y la imagen corporal.
En la consulta observamos con frecuencia cómo determinados mensajes pueden ser interpretados de maneras muy diferentes según el momento vital o el proceso de recuperación en el que se encuentre cada persona. Por ello, no solo es importante transmitir información científicamente correcta, sino también pensar en cómo puede ser recibida por quienes la leen o la escuchan.
¿Qué tipo de contenido merece una reflexión?
Existen formatos muy populares en redes sociales que probablemente se crean con la mejor intención, pero que pueden tener un impacto diferente en personas vulnerables o en proceso de recuperación.
Uno de los formatos más habituales es: «¿Qué como en un día?».
Aunque el objetivo suele ser enseñar ejemplos de alimentación saludable o compartir una rutina personal, muchas personas terminan utilizándolo como una referencia sobre cuánto «deberían» comer.
Estos vídeos favorecen comparaciones constantes, sentimientos de culpa o la necesidad de imitar patrones alimentarios que no responden a las necesidades individuales.
Sabemos que no existen dos personas iguales. Entonces, ¿dónde marcamos el límite? ¿Realmente existen alimentos «buenos» y «malos»?
Otro aspecto que observamos con frecuencia es el uso de expresiones como:
«Este alimento es malo», «Esto sí puedes comer», «Esto está prohibido» o «Nunca consumas esto».
Lo que nos encontramos es que este tipo de mensajes refuerzan el pensamiento dicotómico o de «todo o nada», una característica muy frecuente en personas con TCA.
Cuando etiquetamos un alimento como «malo», es fácil que aparezcan sentimientos de culpa al consumirlo. Del mismo modo, evitar determinados alimentos puede generar una sensación de control que acaba reforzando conductas restrictivas.
Desde una perspectiva terapéutica, resulta más útil enseñar el valor nutricional de ciertos alimentos sin clasificarlos moralmente. La alimentación también implica placer, cultura, emociones y vida social, además de nutrición.
Estamos tan acostumbrados en redes sociales a escuchar algunas formas de comunicación que expresiones como «compensa lo que comiste ayer» o «me he ganado el postre» hacen que nos creamos el mensaje de que la comida es un castigo, una compensación o una recompensa.
Es posible promover hábitos saludables utilizando un lenguaje respetuoso, flexible y libre de juicios. La solución no pasa por dejar de crear contenido ni por dejar de hablar sobre alimentación.
Antes de publicar…
Hay una pregunta que, como profesionales especializados en TCA, creemos que puede ayudarnos a comunicar de manera más responsable:
¿Cómo podría interpretar esta publicación una persona que está luchando contra un TCA o que se encuentra en proceso de recuperación?
No siempre podremos evitar que un mensaje sea malinterpretado, pero hacernos esta pregunta nos permite adoptar una mirada más sensible y consciente.
Al fin y al cabo, detrás de cada perfil hay personas con realidades muy diferentes. Algunas buscan aprender a alimentarse mejor; otras están intentando reconstruir una relación sana con la comida después de años de sufrimiento. Cuidar la forma en la que comunicamos también puede formar parte del cuidado, la prevención y la recuperación.
Las redes sociales pueden convertirse en una herramienta muy poderosa para transmitir mensajes que favorezcan una relación más sana y flexible con la comida.
Algunas acciones sencillas podrían ser:
– Recordar que las recomendaciones nutricionales deben individualizarse.
– Evitar clasificar alimentos como «buenos» o «malos».
– Hablar de hábitos saludables más que de peso corporal.
– Explicar el contexto de las recomendaciones.
– Evitar mensajes basados en la culpa o la compensación.
– Promover una alimentación flexible, variada y sostenible en el tiempo.
– Recordar que disfrutar de la comida también forma parte de una alimentación saludable.
No se trata de suavizar la evidencia científica, sino de comunicarla con empatía y teniendo en cuenta la diversidad de experiencias que existen detrás de cada pantalla.
Desde Arbore TCA abogamos por una comunicación que promueva la salud sin alimentar la culpa, el miedo o la rigidez. Creemos que es posible divulgar sobre alimentación desde el conocimiento científico y, al mismo tiempo, fomentar una relación más flexible, respetuosa y saludable con la comida y con uno mismo.
