Trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes en verano: Señales de alerta y cómo actuar a tiempo
El verano suele ser una de las épocas más esperadas del año. Vacaciones, más tiempo libre, planes al aire libre y momentos en familia. Sin embargo, cuando hablamos de salud mental en adolescentes, este periodo también puede convertirse en un momento de especial vulnerabilidad.
Cuando acaban las clases, algunos padres notan cambios y pueden surgir preguntas como: “mi hija no come suficiente”. También pueden preguntarse si es normal por el calor o si puede ser algo más. El periodo veraniego puede suponer un mayor riesgo para la aparición de un trastorno de la conducta alimentaria, si ya existen otros factores de riesgo.
Os contamos algunas de las señales de alerta que debéis observar y cuándo es importante pedir ayuda profesional, para realizar una detección precoz e iniciar un tratamiento lo antes posible.
¿Por qué en verano nos encontramos con un mayor riesgo?
Hay algunas variables que pueden influir de forma negativa en la relación de l@s adolescentes con su propio cuerpo y, por ende, con su alimentación. Os hablamos de algunas de ellas:
Hay una ruptura en las rutinas que han tenido a lo largo de todo el curso. Durante este tiempo, se mantienen horarios más estructurados, incluyendo el horario de las comidas. En verano solemos encontrarnos con los siguientes cambios:
- Desorganización en las comidas.
- Cambios en el horario de sueño, muchas veces propios de la adolescencia.
- Aumento del tiempo libre con menor supervisión.
Todo esto puede llevar a que algunas señales pasen desapercibidas al principio, ya que forman parte del cambio de las rutinas y de la organización diaria.
Por otro lado, hay una mayor exposición corporal: con el cambio de estación llega el cambio de armario. Ropa más ligera, bañadores, bikinis. Para muchos, es un cambio natural, pero para otros puede suponer una fuente importante de malestar con su imagen corporal. Aparece un aumento de la inseguridad, de las comparaciones con sus pares y de la crítica hacia sí mism@s, lo cual puede traer como consecuencia cambios en la vida social.
Antes y durante el verano, solemos escuchar con más frecuencia frases como “la operación bikini”, donde la idea de la delgadez se convierte en algo necesario para “encajar” en el verano, divertirse y hacer las actividades propias de esta temporada.
Las redes sociales también tienen un papel importante, ya que presentan estos mensajes disfrazados de “salud” o “tips” para estar mejor en verano. En estos casos, el acompañamiento a los adolescentes cobra especial importancia, para poder explicar y contextualizar los mensajes que reciben de forma continua.
Como sabemos, la adolescencia es uno de los periodos de mayor vulnerabilidad y todos estos factores, junto a sus experiencias personales, la presión social y cultural, los modelos que siguen en redes sociales y las expectativas sobre cómo “debería” ser su cuerpo, generan una mayor dificultad para hacer las paces y reconciliarse con el propio cuerpo.
¿Qué puedo observar como madre o padre?
Durante estos meses las familias pasan más tiempo juntas y las señales de alarma son más evidentes y fáciles de identificar. Estas son algunas señales de alerta en los adolescentes que los padres deben observar:
- Buscar pretextos de forma continua para evitar comer con la familia es, quizás, una de las más claras, junto con cambios frecuentes en el peso corporal o un uso excesivo de la báscula.
- Comer menos o saltarse comidas; excusas frecuentes para no comer o un interés excesivo en la dieta o la comida “saludable”.
- Se puede observar una tendencia al aislamiento durante periodos prolongados, dejando a un lado su vida social. Hay una pérdida de interés por salir con amigos o por sus actividades diarias.
- Cambios de humor muy bruscos, mayor irritabilidad, especialmente en momentos en los que la comida está presente.
- La realización de ejercicio físico de forma excesiva, ir al baño inmediatamente después de cada comida, sensación de frío constante o verbalizar continuamente una preocupación por su peso o imagen corporal.
- Heridas en los nudillos de los dedos, como consecuencia de provocar el vómito.
Si te preguntas cómo detectar un trastorno alimentario en la adolescencia, es importante fijarse en el conjunto de estas señales, no solo en el peso.
¿Qué NO ayuda si detectas que puede haber un trastorno alimentario?
Es habitual querer actuar rápido y muchas veces aparecen la angustia y la culpa en los padres al observar este tipo de conductas. En estos casos, te dejamos algunas ideas de lo que NO se debe hacer:
- Minimizar la situación pensando que es “solo una fase” o que “ya se le pasará”, ya que esto puede retrasar la búsqueda de ayuda.
- Confrontar de forma continua, llevando a discusiones y generando una mayor distancia.
- Forzar a mi hij@ para que coma. Obligar a comer puede aumentar la ansiedad y el conflicto. El problema no es solo la comida; por ello, es importante buscar apoyo profesional.
¿Qué SÍ ayuda si detectas que puede haber un trastorno alimentario?
Cuando aparecen varias de estas señales, lo más recomendable es buscar ayuda cuanto antes y no esperar a que la situación empeore, ya que como padres no se tienen todas las respuestas y no saber cómo actuar es algo muy común.
La detección precoz y el inicio temprano del tratamiento son fundamentales, ya que aumentan significativamente las probabilidades de recuperación.
- Debemos prestar especial atención si las conductas se mantienen de forma constante, aunque lleven poco tiempo.
- Se observan varias señales de alerta al mismo tiempo.
- La situación empieza a interferir en la vida diaria del adolescente.
- La familia se siente desbordada o no sabe cómo manejarlo.
Cuando esto sucede, acudir a profesionales especializados cobra especial importancia.
Uno de los recursos es el hospital de día. Cuando nunca has acudido al psicólogo o has estado en tratamiento, surgen muchas dudas sobre ello. ¿En qué consiste? ¿Cuántas veces tengo que acudir? ¿Para qué puede servir? ¿Si el tratamiento es para mi hij@, cuál es mi papel?
El hospital de día es un espacio común y terapéutico, donde los pacientes y sus familias se encuentran, generan diálogos y vínculos para poder avanzar juntos hacia la recuperación.
Contamos con diferentes intensidades, desde asistir algunos días a la semana y en horario de tarde o mañana, hasta asistir en horario completo, durmiendo en casa.
En concreto, se hace seguimiento de las pautas alimentarias, buscando potenciar recursos personales y familiares y fortalecer el ajuste psicosocial. Se trabaja en la prevención de recaídas y, por último, se favorece la continuidad del tratamiento psicoterapéutico.
Muchas veces nos preguntáis: ¿es el verano un buen momento para empezar un tratamiento?
Lo más importante es que, si has llegado a un punto en el que has necesitado buscar apoyo terapéutico y un profesional especializado en trastornos de la conducta alimentaria ha indicado iniciar tratamiento, empezar lo antes posible puede marcar una gran diferencia.
Si tu hij@ adolescente recibe la indicación clínica de iniciar un tratamiento como el hospital de día, te explicamos por qué hacerlo durante el periodo vacacional suele ser una buena opción.
Una de las mayores preocupaciones durante el curso académico es la posible desconexión escolar. Iniciar el tratamiento en verano permite una adaptación progresiva al hospital, con mucha menos presión tanto para la persona como para su familia, ya que aún no está inmers@ en las dinámicas y rutinas del día a día.
Además, hay una menor sensación de “perderse cosas”, porque es una época en la que muchas personas también están fuera de la rutina, lo que hace el proceso más llevadero.
Por otro lado, la familia suele contar con mayor disponibilidad y flexibilidad, especialmente a nivel laboral, algo fundamental teniendo en cuenta que los padres son los principales acompañantes durante el tratamiento.
Así, cuando comienza el curso académico, la adaptación al tratamiento suele estar más consolidada, también a nivel familiar, contando ya con apoyo y pautas para afrontar las situaciones difíciles que pueden aparecer en este tipo de trastornos, de la mano del equipo interdisciplinar del hospital de día
