Sexualidad y TCA: Notas sobre la vergüenza, el control y la restricción del placer
El sexo y su contexto suponen, con frecuencia, un momento de vulnerabilidad a través de la exposición física, emocional y mental ante el otro. Esto es algo que puede resultar complejo para muchas personas, y especialmente para aquellas que conviven con un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). En estos casos, las dificultades relacionadas con el cuerpo pueden influir profundamente en la manera de vivir la sexualidad.
La sexualidad en los TCA se ve afectada por factores biológicos, psicológicos y relacionales. Las dificultades alimentarias no se limitan a la comida o la imagen corporal, sino que pueden impactar también en el ámbito de la identidad sexual, el deseo, las relaciones íntimas y la percepción del cuerpo como cuerpo sexuado. Por ello, recuperar una relación sana con el propio cuerpo es también recuperar la posibilidad de una sexualidad plena, libre y placentera.
Los TCA suelen venir acompañados de una distorsión de la imagen corporal y una desconexión de las sensaciones físicas, lo que repercute directamente en la vivencia sexual. Son frecuentes aspectos como la represión del deseo sexual —muchas personas refieren una disminución o ausencia del deseo—, el miedo al contacto físico —cuando el cuerpo se percibe como un “enemigo” o una fuente de vergüenza— y la dificultad para disfrutar del placer corporal, ya que el cuerpo se asocia al control, la culpa o el rechazo, dificultando la entrega y el disfrute.
A nivel biológico, la desnutrición y el desequilibrio hormonal (descenso de estrógenos o testosterona) pueden provocar bajo deseo sexual, amenorrea o alteraciones en la libido y la respuesta sexual. La fatiga y la ansiedad reducen la energía y la disposición hacia la intimidad. También intervienen factores emocionales, como la vergüenza, el miedo a ser visto o tocado, el rechazo al propio cuerpo desnudo o la culpa y el perfeccionismo, lo cual dificulta la espontaneidad y el disfrute sexual. Además, en algunos casos pueden coexistir antecedentes de abuso sexual que condicionan profundamente la relación con el cuerpo y la intimidad.
Si uno se para a pensarlo, el control sobre el cuerpo o la comida que se da en los TCA funciona en muchos aspectos como una forma de compensar la sensación de descontrol en otras áreas de la vida, entre las que se incluye la sexualidad.
Estas dificultades se hacen más patentes cuando repercuten en la relación de pareja, generando evitación de la intimidad física, celos o inseguridad, o una dependencia emocional que dificulta establecer vínculos sanos. En numerosas ocasiones, es en este momento que las pacientes toman conciencia de las consecuencias “satélite” del trastorno y empiezan a vivir pérdidas o impedimentos más allá de la propia comida, lo cual supone una fuente de malestar y frustración.
Por tanto, el abordaje terapéutico de los TCA debe incluir también la dimensión sexual. Es fundamental reconectar con el cuerpo desde el placer, no desde el control o la apariencia; trabajar la psicoeducación sexual para comprender el cuerpo como fuente de bienestar, no de culpa; y cuando es necesario, incluir la terapia sexual o de pareja para acompañar las dificultades en la intimidad.
La intervención interdisciplinar (nutrición, psicología y medicina) debe contemplar esta área para favorecer una predicción positiva de la efectividad del tratamiento. Así, a medida que avanza el proceso de recuperación, la sexualidad puede reactivarse de manera saludable, acompañando el redescubrimiento del propio cuerpo y del placer.
Recuperar la sexualidad es recuperar la presencia en el cuerpo, la capacidad de sentir y de compartir desde la libertad. Es un paso más, uno muy importante, en el camino hacia una relación sana con una misma, con los demás y con la vida.
