“¡No quiero recuperarme!”:
La ambivalencia en las primeras fases del tratamiento
Para muchas pacientes, el inicio del tratamiento de un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) no viene acompañado de claridad ni deseo de “curarse”. De hecho, en muchos casos puede estar lleno de confusión, resistencia, enfado o incluso una sensación de injusticia. Es común que, durante las primeras semanas o incluso meses, muchas pacientes expresen que “no están tan mal”, que “no tienen ningún problema con la comida”, o incluso que “quieren seguir como antes”. O bien el TCA se ha integrado tanto en la vida diaria que ya no se distingue como un problema, o bien, pese a tener cierta conciencia, también hay mucho miedo a soltar lo único que hasta ese momento les ha funcionado para regular sus emociones, sentirse en control, pertenecer o ser vistas.
Cada persona llega desde un lugar diferente. Algunas están empezando a sospechar que algo no va bien. Otras ya lo saben, pero aún no están listas para hacer nada al respecto. Y en otras, el cambio no se percibe aún como una opción posible, o siquiera deseable.
Cierto es también que, en ocasiones, esta ambivalencia no surge sólo del miedo al cambio, sino de no identificar con claridad qué les está pasando. Esto puede ocurrir cuando la persona ha crecido en contextos donde ciertos patrones han sido parte del día a día: entornos familiares muy exigentes con altos niveles de control, una presencia constante de discursos sobre el cuerpo, el rendimiento o la salud, y poca validación emocional. En familias donde no se habla del malestar, donde todo debe verse “bien” por fuera, o donde el esfuerzo y el autocontrol son los valores centrales, puede ser muy difícil reconocer que algo no va bien. No porque no se sufra, sino porque ese sufrimiento se ha vuelto estructural.
En otros casos, sí existe cierta conciencia de que hay un problema, pero también un fuerte rechazo hacia el proceso de cambio en sí. La idea de dejar atrás el TCA no siempre se vive como una solución, sino como una amenaza. Para muchas personas, el trastorno se ha convertido en una forma de sostenerse, incluso si eso implica malestar, lo cual lleva a un conflicto interno entre lo que la enfermedad ha llegado a representar (orden, calma, control) y lo que realmente está generando: aislamiento, sufrimiento y una profunda desconexión con uno mismo y con el entorno.
El vínculo es un aspecto fundamental en todo este proceso, especialmente el que se genera con otros compañeros en recursos de intervención intensivos como el Hospital de Día. Es en los espacios grupales, como terapias, reposos o el comedor terapéutico, donde las pacientes establecen conexiones con personas que las acompañan desde la comprensión, y ahí es cuando se abren pequeñas grietas a través de las cuales puede entrar algo distinto: calma, permiso, legitimidad para estar mal y, con el tiempo, quizá un deseo o intento de mejorar. Escuchar a otras pacientes hablar en voz alta sobre lo que sienten, el miedo a comer, la culpa, el rechazo al propio cuerpo, inseguridades, dificultades, etc., genera un fuerte impacto. Esto puede provocar que alguien comience a abrirse al tratamiento, no necesariamente porque ya esté convencido de recuperarse, sino porque se empiece a sentirse un poco más seguro en el entorno. Asimismo, ese primer vínculo se da también con el equipo terapéutico, en la forma de una presencia que acompaña sin empujar ni juzgar.
Sin duda, hay algo poderoso en darse cuenta de que no se está solo, de que lo que pensabas que era solo tuyo, también puede sonar en otras voces.
En definitiva, no todas las personas con TCA llegan a consulta dispuestas a cambiar, pero el vínculo puede ser una primera vía hacia ello. Todo proceso de recuperación pasa por distintas fases, y la ambivalencia es parte de ese camino. Dudar, resistirse, incluso rechazar el tratamiento no significa que no haya posibilidades, significa que se está transitando una etapa en la que proteger el síntoma todavía parece más seguro que soltarlo. Pero también significa que se está en movimiento. Y a veces, eso es más que suficiente para empezar.
