Las autolesiones como vía de escape: comprender para acompañar
Hablar de autolesiones es enfrentarse a una realidad incómoda, casi invisible, a la que en general nadie quiere prestar mucha atención. Pero está ahí, y por ello, comprender qué son, por qué aparecen y cómo podemos ayudar a quienes las sufren es un paso fundamental para transformar el estigma y la incomprensión en apoyo y acompañamiento.
Las autolesiones son conductas dirigidas a provocarse daño físico sin una intención suicida consciente, que suelen manifestarse a través de cortes, quemaduras, golpes u otras formas de agresión al propio cuerpo, y cumplen una función psicológica: aliviar, regular o expresar un malestar emocional intenso. El dolor físico se convierte momentáneamente en una vía de escape
frente a emociones que resultan difíciles de gestionar.
En otras palabras, las autolesiones aparecen como una forma silenciosa de expresar aquello a lo que se es incapaz de poner voz.
El TCA y las autolesiones forman parte de un mismo problema de base: dificultades para regular emociones a las que muchas veces no se posible ponerle nombre.
Existen diversos mitos acerca de las autolesiones. Uno de los más extendidos comúnmente es pensar que quien se autolesiona “solo quiere llamar la atención”, cuando la realidad es que la mayoría de las personas tratan de ocultar estas conductas por vergüenza o miedo al rechazo. Otro error común es asumir que la autolesión es una moda, o confundirla con un intento de suicidio; no son lo mismo ni responden necesariamente a la misma intención.
Una vez conceptualizadas, cabe preguntarse entonces: ¿cómo identificarlas? Algunas señales de alerta pueden ser cambios bruscos en el estado de ánimo, uso frecuente de ropa que cubre el cuerpo incluso en épocas de calor, aislamiento social, insomnio, dificultades para expresar emociones, heridas recurrentes y/o explicaciones poco claras sobre ellas.
En este punto, el apoyo comienza desde la escucha: atender la demanda sin minimizar el dolor, evitar juicios y mostrar una actitud de comprensión. Se trata de ofrecer un espacio seguro donde la persona pueda sentirse recogida, siempre respetando los tiempos del otro y entendiendo que el proceso de recuperación no es lineal. El apoyo profesional especializado es fundamental para abordar el malestar de fondo y desarrollar estrategias alternativas de afrontamiento.
Lo que sabemos que no funciona cuando detectas que una persona cercana de tu circulo se autolesiona es poner ultimátums como forma de prevenir la conducta. Esto suele aumentar la probabilidad de autolesión, convirtiendo la conducta en algo clandestino y se intensifique el esfuerzo de ocultarlo aún más. Aunque las autolesiones no se entiendan en muchas oportunidades si haces propuestas de ayuda y estas son rechazadas, presionar puede generar desconfianza y dificultar el vínculo. Es importante dar tiempo y retomarlo más adelante.
Hablar de autolesiones desde una mirada empática nos permite romper el silencio sistemático que las rodea. Cuando dejamos de ver estas conductas como un problema aislado y empezamos a entenderlas como una señal de sufrimiento más profundo, un sufrimiento emocional y psicológico, las piezas encajan de otra manera. Por ello, promover espacios de escucha, educación emocional y acceso a recursos de salud mental es clave para que el dolor encuentre palabras y no tenga que reflejarse en la piel.
