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Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA): Todo lo que necesitas saber
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Nota importante: El contenido de esta página tiene un propósito exclusivamente informativo y educativo. Los Trastornos de la Conducta Alimentaria son enfermedades de salud mental graves que requieren evaluación, diagnóstico y tratamiento por parte de profesionales especializados. Si tienes dudas sobre tu situación o la de un ser querido, te invitamos a contactar 👩⚕️ con nuestro equipo.
Antes de empezar: una nota para ti
La búsqueda de información sobre los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) suele ser el primer paso hacia el diagnóstico y la recuperación. Ya sea que busques orientación para un familiar ante la aparición de los primeros síntomas, apoyo profesional para ti mismo, o información médica contrastada sobre estas enfermedades, en Arboretca estamos para acompañarte.
No tienes que leerlo todo de golpe. Este artículo es largo porque el tema lo merece: los TCA son enfermedades complejas y las familias merecen información completa, honesta y sin rodeos. Pero si ahora mismo solo tienes unos minutos, aquí tienes lo esencial:
Los TCA son enfermedades de salud mental graves, no una cuestión de voluntad ni de capricho.
Afectan a personas de cualquier edad, sexo y condición.
Existen señales de alarma que pueden ayudarte a detectarlos a tiempo.
La recuperación es posible, y el pronóstico mejora enormemente cuando se busca ayuda especializada a tiempo.
En Arbore llevamos años acompañando a personas y familias en este camino. No estás solo ni sola.
¿Quieres saber más? A continuación te lo explicamos todo, paso a paso.
¿Qué son los Trastornos de la Conducta Alimentaria?
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son enfermedades de salud mental graves y complejas que se caracterizan por una alteración significativa en la relación con la comida, el peso corporal y la imagen de uno mismo. Aunque sus manifestaciones más visibles se expresan a través de conductas relacionadas con la alimentación —como la restricción severa, los atracones o las purgas—, los TCA son, en esencia, trastornos emocionales profundos en los que el sufrimiento psicológico se canaliza a través de la comida.[1]
Estas enfermedades están reconocidas formalmente en los principales sistemas de clasificación diagnóstica mundiales: la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) de la Asociación Americana de Psiquiatría, y la undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) de la Organización Mundial de la Salud.[2] Su origen es multicausal: intervienen factores biológicos, psicológicos, familiares y socioculturales que se combinan de manera única en cada persona.
Los TCA pueden afectar a personas de cualquier edad, sexo, origen étnico o condición socioeconómica, aunque son especialmente prevalentes en mujeres jóvenes durante la adolescencia y la juventud. En Europa, los estudios estiman que la prevalencia de la anorexia nerviosa en mujeres se sitúa entre el 1 y el 4 %, la de la bulimia nerviosa entre el 1 y el 2 %, y la del trastorno por atracón entre el 1 y el 4 %.[3] En España, los TCA constituyen la tercera enfermedad crónica más frecuente entre los adolescentes, por detrás del asma y la obesidad.[4]
Prevalencia de los TCA en España y Europa, (DSM-5, OMS)
Una palabra para las familias
Si estás leyendo esta página porque te preocupa tu hijo, tu hija, o alguien cercano a ti, queremos que sepas algo fundamental: no estás solo ni sola. El camino que comienza cuando una familia empieza a sospechar que algo no va bien puede estar lleno de confusión, miedo y, a veces, culpa. Es normal sentirse así.
Los TCA no son una elección ni una cuestión de voluntad. No son el resultado de una mala crianza ni de un error familiar. Son enfermedades complejas en las que intervienen múltiples factores, y la familia —lejos de ser parte del problema— puede convertirse en uno de los pilares más importantes de la recuperación.
En Arbore creemos profundamente en el poder del acompañamiento. Nuestra misión no es solo tratar la enfermedad: es acompañar a cada persona y a su familia en la construcción de un proyecto de vida propio, lejos del trastorno y cerca de todo aquello que importa de verdad. Lo más valioso que puedes hacer en este momento es informarte, mantener la calma y buscar ayuda profesional especializada. Este artículo está pensado para acompañarte en ese primer paso.
Principales tipos de TCA
Los TCA no son todos iguales. Existen diferentes diagnósticos que presentan características propias, aunque comparten un denominador común: el sufrimiento emocional que se expresa a través de la conducta alimentaria.
Anorexia Nerviosa
La anorexia nerviosa se caracteriza por una restricción severa de la ingesta de alimentos, motivada por un miedo intenso e irracional a ganar peso y una percepción distorsionada de la propia imagen corporal. La persona afectada puede verse con sobrepeso a pesar de encontrarse en un estado de desnutrición grave que pone en riesgo su vida.[5]
Es importante entender que el término «anorexia» —que etimológicamente significa pérdida de apetito— resulta clínicamente inexacto: las personas que la padecen generalmente sí sienten hambre, pero la suprimen de forma activa. Esta negación del hambre y la tendencia a ocultar la enfermedad hacen que el diagnóstico precoz sea especialmente difícil. Se estima que menos del 13 % de las adolescentes que la padecen reciben tratamiento a tiempo.[5]
La anorexia nerviosa tiene la tasa de mortalidad más alta de todos los trastornos mentales. Las consecuencias físicas de la desnutrición prolongada incluyen pérdida de masa ósea, anemia, alteraciones cardíacas, amenorrea e insuficiencia multiorgánica. El suicidio es la segunda causa de muerte en personas diagnosticadas con esta enfermedad.[6]
Bulimia Nerviosa
La bulimia nerviosa se define por la presencia de episodios recurrentes de atracones —ingesta de grandes cantidades de alimentos en un período corto de tiempo, acompañada de una sensación de pérdida de control— seguidos de conductas compensatorias inapropiadas para evitar el aumento de peso.
Estas conductas incluyen el vómito autoinducido, el abuso de laxantes o diuréticos, el ayuno prolongado o el ejercicio físico excesivo.[5]
A diferencia de la anorexia, la mayoría de las personas con bulimia presentan un peso normal o incluso ligero sobrepeso, lo que dificulta que el entorno detecte la enfermedad. Las consecuencias físicas de las purgas repetidas son graves: erosión del esmalte dental, inflamación de las glándulas salivales, problemas gastrointestinales crónicos, deshidratación y desequilibrios electrolíticos que pueden derivar en arritmias cardíacas.[6]
Trastorno por Atracón
El trastorno por atracón comparte con la bulimia la presencia de episodios de ingesta compulsiva con sensación de pérdida de control, pero se diferencia de ella en un aspecto fundamental: la ausencia de conductas compensatorias posteriores.[7] La persona no se purga ni ayuna tras el atracón;
Suele asociarse con el desarrollo de sobrepeso u obesidad a lo largo del tiempo, lo que eleva el riesgo de complicaciones metabólicas como la diabetes tipo 2 y la hipertensión arterial. Este trastorno tiende a diagnosticarse en edades más avanzadas que la anorexia o la bulimia, y su prevalencia es similar en hombres y mujeres.[6]
Trastorno por Evitación/Restricción de la Ingesta (ARFID)
El ARFID (del inglés Avoidant/Restrictive Food Intake Disorder) es un trastorno caracterizado por una restricción severa de la variedad o cantidad de alimentos ingeridos, no motivada por el miedo a engordar ni por una imagen corporal distorsionada, sino por una aversión sensorial, miedo a las consecuencias de comer (como atragantarse o vomitar) o falta de interés por la comida.[6] Es más frecuente en niños y adolescentes y puede derivar en desnutrición significativa y deterioro del funcionamiento cotidiano.
Ortorexia Nerviosa
La ortorexia nerviosa se define como una obsesión patológica por consumir exclusivamente alimentos que el individuo considera «puros» o saludables. A diferencia de la anorexia, el objetivo no es perder peso, sino alcanzar una supuesta pureza corporal a través de la calidad de los alimentos.[8]
Vigorexia (Dismorfia Muscular)
La vigorexia es una alteración psicológica en la que la persona experimenta una preocupación persistente e irreal por no verse lo suficientemente musculosa, a pesar de tener una musculatura hiperdesarrollada. Es especialmente prevalente en hombres jóvenes de entre 18 y 35 años.[8]
Este trastorno se sitúa en la frontera entre los TCA y los Trastornos Obsesivo-Compulsivos (TOC), e impulsa a la persona a adoptar conductas destructivas como entrenamientos extenuantes, dietas hiperproteicas extremas y, en muchos casos, el consumo de sustancias dopantes como los esteroides anabólicos. Sus consecuencias incluyen alteraciones metabólicas, problemas cardiovasculares, dependencia a sustancias y cuadros severos de depresión y ansiedad.
Pregorexia
La pregorexia es un trastorno específico del embarazo que describe a mujeres gestantes con un miedo desproporcionado a ganar peso durante la gestación. Las conductas asociadas —restricción calórica severa, ejercicio de alta intensidad o vómitos autoinducidos— representan una emergencia médica, ya que afectan simultáneamente a la salud de la madre y al desarrollo del feto.[8] Los riesgos incluyen malformaciones en el desarrollo neurológico del bebé, bajo peso al nacer, parto prematuro y complicaciones cardiovasculares graves para la madre.
Señales de alarma: ¿cuándo preocuparse?
Reconocer las señales de alarma de un TCA a tiempo puede marcar una diferencia crucial en el pronóstico de la enfermedad. Es importante subrayar que la presencia de una o varias de estas señales no confirma un diagnóstico: únicamente indica que puede ser conveniente consultar con un profesional de la salud mental especializado.[9]
Las señales de alarma se pueden agrupar en tres grandes áreas:
Área
Señales de alarma más frecuentes
Conducta alimentaria
Dietas restrictivas sin justificación médica, evitar comer en familia, levantarse de la mesa para ir al baño, esconder comida, interés obsesivo por recetas o calorías, sentimiento de culpa tras comerLas señales de alarma se pueden agrupar en tres grandes áreas:
Peso e imagen corporal
Pérdida de peso injustificada, miedo exagerado a engordar, práctica de ejercicio compulsivo, amenorrea (desaparición del ciclo menstrual), comentarios negativos y persistentes sobre el propio cuerpo
Conducta emocional y social
Irritabilidad o cambios de humor frecuentes, aislamiento social, baja autoestima, perfeccionismo extremo, ansiedad o tristeza persistente, negación del problema
Ante la presencia de varias de estas señales, especialmente si se mantienen en el tiempo, lo más importante es no esperar. Cuanto antes se inicie la evaluación y el tratamiento, mayores son las posibilidades de recuperación.Las señales de alarma se pueden agrupar en tres grandes áreas:
Factores de riesgo: ¿por qué aparece un TCA?
Los TCA son enfermedades multicausales. No existe un único factor que los explique, sino una combinación de vulnerabilidades que interactúan entre sí.[9] Comprender estos factores no tiene como objetivo señalar culpables, sino ayudar a entender la complejidad de estas enfermedades.Las señales de alarma se pueden agrupar en tres grandes áreas:
Factores individuales
La predisposición genética juega un papel relevante: el riesgo de desarrollar un TCA es significativamente mayor cuando existe un familiar con la enfermedad. Determinados rasgos de personalidad —como el perfeccionismo, la autoexigencia elevada, la rigidez cognitiva o la impulsividad— también están asociados a una mayor vulnerabilidad. La baja autoestima y una imagen corporal negativa son factores de riesgo bien documentados.[9]
Factores familiares
Los entornos familiares con dinámicas muy rígidas o, por el contrario, muy desestructuradas pueden aumentar la vulnerabilidad. Las experiencias vitales estresantes, como la pérdida de un ser querido o cambios familiares significativos, también pueden actuar como desencadenantes.[9]
Factores socioculturales
El modelo de belleza imperante, que glorifica la delgadez extrema, ejerce una presión enorme especialmente sobre los adolescentes. Las redes sociales han amplificado este fenómeno de forma exponencial, exponiendo a los jóvenes a imágenes idealizadas y a contenidos que en ocasiones normalizan o incluso promueven conductas de riesgo. Las críticas o burlas relacionadas con el físico —incluyendo el acoso escolar— son también factores de riesgo bien identificados.[9]
¿Qué hacer si sospechas que tu hijo o hija puede tener un TCA?
Descubrir que un hijo o hija puede estar sufriendo un TCA es una de las experiencias más angustiantes que puede vivir una familia. El miedo, la confusión y la sensación de no saber cómo actuar son reacciones completamente comprensibles. A continuación, ofrecemos algunas orientaciones generales que pueden ayudarte a dar los primeros pasos.
Mantén la calma y no actúes de forma impulsiva. Las reacciones de alarma, los reproches o los intentos de forzar la alimentación suelen generar el efecto contrario al deseado. La persona afectada necesita sentir que puede confiar en su entorno, no que está siendo vigilada o juzgada.
Elige un momento y un lugar adecuados para hablar. Busca un momento tranquilo, sin presiones, y expresa tu preocupación desde el afecto y sin acusaciones. Frases como «He notado que últimamente pareces preocupada/o y quiero que sepas que estoy aquí para ti» abren mucho más la comunicación que señalar conductas concretas.
No hagas comentarios sobre el peso, la comida ni el cuerpo. Aunque la intención sea positiva, los comentarios sobre la apariencia física pueden reforzar la obsesión de la persona afectada.
Busca ayuda profesional especializada lo antes posible. Este es el paso más importante. Un equipo clínico especializado en TCA —compuesto por psiquiatras, psicólogos, médicos y dietistas-nutricionistas— es el único que puede realizar una evaluación adecuada y diseñar un plan de tratamiento individualizado. No esperes a que la situación empeore.
Cuídate también a ti mismo. Acompañar a alguien con un TCA es emocionalmente agotador. Buscar apoyo para la familia —a través de grupos de apoyo o terapia familiar— no es un lujo, sino una parte fundamental del proceso de recuperación.
El tratamiento de los TCA: un enfoque multidisciplinar
Los TCA requieren, de forma innegociable, un abordaje multidisciplinar que integre de manera coordinada las dimensiones médica, psicológica y nutricional.[10] No existe un tratamiento único ni universal: cada persona necesita un plan individualizado que tenga en cuenta la gravedad del trastorno, sus características personales y el contexto familiar y social.
La intensidad del tratamiento varía en función de las necesidades de cada persona: desde las consultas externas periódicas hasta el hospital de día o, en los casos más graves, la hospitalización. La recuperación es posible, y el pronóstico mejora significativamente cuando el tratamiento se inicia de forma precoz y se lleva a cabo en un entorno especializado.
Cuando el tratamiento intensivo marca la diferencia: el Hospital de Día
En algunos casos, el tratamiento en consultas externas no es suficiente para avanzar en la recuperación. Cuando la sintomatología es intensa, cuando la persona presenta dificultades para mantener una estructura alimentaria en su entorno habitual, o cuando el trastorno está afectando gravemente su vida académica y social, puede ser el momento de considerar un recurso de mayor intensidad: el Hospital de Día.
El Hospital de Día de Arbore es un programa de tratamiento intensivo en el que el paciente acude durante la jornada de día para recibir atención clínica especializada, sin necesidad de ingreso hospitalario. Está indicado especialmente cuando la persona presenta niveles elevados de angustia o inestabilidad emocional, dificultades para seguir una estructura alimentaria, absentismo escolar o aislamiento social, o cuando no ha habido una evolución favorable con el tratamiento ambulatorio.
La evidencia científica señala que la recuperación de un trastorno alimentario en régimen de hospital de día, con un equipo multidisciplinar, presenta un mejor pronóstico. En concreto, el 80% de los pacientes con bulimia nerviosa se mantuvieron sin sintomatología dos años después del alta de este recurso. (Fuente: Zipfel et al., 2002)
El programa incluye terapia psicológica individual y grupal, tratamiento psiquiátrico y nutricional, comedor terapéutico, terapia familiar, grupos de padres, acompañamiento psicopedagógico, coordinación con los centros educativos y actividades terapéuticas. El horario es flexible y adaptable a las necesidades de cada persona, con diferentes intensidades de asistencia.
¿Quieres saber más sobre cómo funciona nuestro Hospital de Día? Te lo contamos todo en detalle en nuestra página dedicada.
El Seguro Escolar: una ayuda que quizás no conocías
Si tu hijo o hija es estudiante y tiene menos de 28 años, es muy probable que ya cuente con una cobertura que puede ayudar a financiar su tratamiento: el Seguro Escolar.
El Seguro Escolar es una prestación gestionada por el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) que protege a los estudiantes menores de 28 años matriculados en estudios oficiales —desde 3.º de ESO hasta el tercer ciclo universitario— mediante prestaciones sanitarias y económicas en caso de enfermedad, accidente escolar o infortunio familiar.[11] Entre las coberturas de la prestación por enfermedad se incluye expresamente la neuropsiquiatría, lo que permite que los tratamientos de los Trastornos de la Conducta Alimentaria puedan ser financiados a través de este seguro.
De hecho, en ciudades como Barcelona y Madrid, se estima que alrededor del 70 % de las prestaciones del Seguro Escolar corresponden a casos de anorexia y bulimia, lo que da una idea de la relevancia de esta cobertura para las familias que afrontan un TCA.[12]
¿Quién tiene derecho al Seguro Escolar?
Para poder beneficiarse de las prestaciones del Seguro Escolar es necesario cumplir los siguientes requisitos:[11]
Tener menos de 28 años y ser español o extranjero con residencia legal en España.
Estar matriculado en estudios oficiales comprendidos en el Seguro (desde 3.º de ESO hasta el tercer ciclo universitario) y haber abonado la cuota correspondiente.
Acreditar al menos un año de Seguro (este requisito no se exige para las prestaciones derivadas de accidente escolar ni para quienes el año anterior cursaron 2.º de ESO).
¿Cómo se solicita?
La solicitud se presenta en cualquier Centro de Atención e Información de la Seguridad Social, aportando la documentación necesaria: DNI o libro de familia, certificado del centro de estudios o resguardo de matrícula universitaria, y la documentación específica para cada prestación. El INSS resolverá y notificará la solicitud en un plazo máximo de 90 días.[11]
En Arbore facilitamos toda la información necesaria para que las familias puedan gestionar la prestación del Seguro Escolar y, en su caso, la facturación para pólizas de reembolso de seguros médicos privados.
¿Tienes dudas sobre cómo utilizar el Seguro Escolar para financiar el tratamiento? En nuestra página dedicada encontrarás toda la información detallada sobre requisitos, pasos a seguir y cómo podemos ayudarte desde Arbore.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre un TCA y simplemente “comer mal” o estar a dieta?
Estar a dieta o tener preocupaciones puntuales sobre el peso es algo relativamente común en nuestra sociedad. Un TCA, sin embargo, implica un nivel de sufrimiento psicológico, una alteración de la conducta y unas consecuencias para la salud que van mucho más allá de lo que se considera una preocupación ordinaria. En un TCA, los pensamientos relacionados con la comida y el cuerpo se vuelven intrusivos, persistentes y dominantes, interfiriendo gravemente en la vida cotidiana, las relaciones sociales y la salud física. El diagnóstico solo puede establecerlo un profesional de la salud mental tras una evaluación clínica completa.
¿Los TCA solo afectan a chocas adolescentes?
No. Aunque la prevalencia es significativamente mayor en mujeres jóvenes, los TCA afectan a personas de todos los sexos, edades y condiciones. Los hombres representan aproximadamente el 10 % de los casos de anorexia y bulimia, y una proporción mayor en el trastorno por atracón y la vigorexia. Los niños en edad escolar, los adultos mayores y las personas de cualquier origen étnico o socioeconómico también pueden desarrollar un TCA.[6] La creencia de que «esto solo les pasa a las chicas» puede retrasar el diagnóstico en personas que no encajan en ese perfil.
¿Puede una persona con TCA tener un peso normal?
Sí. Esta es una de las ideas erróneas más extendidas y más peligrosas. La bulimia nerviosa, el trastorno por atracón y la ortorexia, entre otros, pueden presentarse en personas con un peso completamente normal o incluso con sobrepeso. El peso corporal no es un indicador fiable de la presencia o gravedad de un TCA. Una persona puede estar gravemente enferma y, al mismo tiempo, tener un peso que se considera «normal» según los estándares médicos habituales.
¿Los TCA tienen cura? ¿Se puede recuperar completamente?
Sí. Con un tratamiento adecuado, especializado y mantenido en el tiempo, la recuperación completa de un TCA es posible. El pronóstico es mejor cuando el tratamiento se inicia de forma precoz, cuando se cuenta con un equipo multidisciplinar especializado y cuando la familia y el entorno cercano participan activamente en el proceso. La recuperación no es lineal: puede haber recaídas, y eso forma parte del proceso. Lo importante es no abandonar el tratamiento y contar con el apoyo profesional adecuado.
¿Cuánto tiempo dura el tratamiento de un TCA?
No existe una respuesta única, ya que la duración del tratamiento depende de muchos factores: el tipo de TCA, la gravedad del trastorno, el tiempo que lleva sin tratarse, las características personales y el contexto familiar. En general, los TCA requieren tratamientos de larga duración —que pueden extenderse durante meses o años— con diferentes niveles de intensidad a lo largo del proceso. La paciencia y la constancia son fundamentales tanto para la persona afectada como para su familia.
¿Qué debo hacer si mi hijo o hija niega tener un problema?
La negación es una característica muy frecuente en los TCA, especialmente en la anorexia nerviosa. La persona afectada puede no reconocer la gravedad de su situación o sentir que el trastorno forma parte de su identidad. Ante esta situación, lo más importante es no entrar en confrontaciones directas ni intentar «convencer» a la persona de que está enferma. En cambio, es fundamental buscar ayuda profesional especializada, que puede orientar a la familia sobre cómo actuar y, en los casos más graves, valorar si es necesaria una intervención más directa.
¿Las redes sociales pueden causar un TCA?
Las redes sociales no son la causa directa de los TCA, pero sí pueden actuar como un factor de riesgo o desencadenante en personas con una vulnerabilidad previa. La exposición constante a imágenes corporales idealizadas, los contenidos que glorifican la delgadez extrema o la musculación excesiva, y la comparación social permanente pueden alimentar la insatisfacción corporal y reforzar conductas de riesgo. Algunos estudios han documentado la existencia de comunidades en línea que promueven activamente los TCA como «estilos de vida». Es importante que las familias estén atentas al uso que hacen sus hijos de las redes sociales y mantengan un diálogo abierto sobre estos temas.[9]
¿Puede la familia hacer algo para ayudar durante el tratamiento?
La familia juega un papel fundamental en el proceso de recuperación. Algunas pautas generales que pueden ser de ayuda incluyen: mantener un ambiente familiar tranquilo y sin juicios; evitar los comentarios sobre el peso, la comida o el cuerpo; no vigilar ni controlar la alimentación de la persona afectada a menos que el equipo terapéutico lo indique; participar en la terapia familiar cuando se recomiende; y cuidar también la propia salud emocional. El equipo clínico especializado es quien mejor puede orientar a la familia sobre cómo actuar en cada caso concreto.
¿Cómo sé si debo buscar ayuda urgente?
Existen situaciones que requieren atención médica urgente. Debes buscar ayuda inmediata si observas: pérdida de peso muy rápida o peso extremadamente bajo; signos de desnutrición grave (mareos, desmayos, debilidad extrema); alteraciones del ritmo cardíaco; negativa absoluta a comer durante varios días; o si la persona expresa ideas de hacerse daño o de suicidio. En estos casos, no esperes a la próxima cita programada: acude a urgencias o contacta directamente con el equipo clínico.
¿Puede el seguro escolar cubrir el tratamiento de un TCA?
Sí. El Seguro Escolar, gestionado por el INSS, cubre tratamientos de neuropsiquiatría para estudiantes menores de 28 años matriculados en estudios oficiales desde 3.º de ESO. Dado que los TCA son trastornos de salud mental, pueden acogerse a esta cobertura, lo que puede suponer una ayuda económica muy significativa para las familias. En Arbore facilitamos toda la información y la documentación necesaria para que las familias puedan gestionar esta prestación. Puedes consultar todos los detalles en nuestra página sobre el Seguro Escolar.
Literatura y recursos recomendados
Para aquellas familias, profesionales o personas interesadas en profundizar en el conocimiento de los TCA, recomendamos las siguientes fuentes de referencia:
Guía de Práctica Clínica sobre TCA
Ministerio de Sanidad, España. Guía basada en evidencia científica para profesionales y familias.
Guía para familias de personas afectadas por un TCA
ACAB – Associació contra l’Anorèxia i la Bulímia.
Arija-Val V. et al. (2022)
«Caracterización, epidemiología y tendencias de los TCA». Nutrición Hospitalaria.
DOI.ORG
Lock J. y Le Grange D. (2013)
Treatment Manual for Anorexia Nervosa. Manual clínico sobre el modelo Maudsley.
Bratman S. (2000) – Health Food Junkies
Obra de referencia sobre la ortorexia nerviosa.
Referencias
1. Asociación Americana de Psiquiatría (2013). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5). Washington, DC: APA.
2. Organización Mundial de la Salud (2019). Clasificación Internacional de Enfermedades, 11.ª revisión (CIE-11). Ginebra: OMS. https://icd.who.int/es
3. Arija-Val V., Santi-Cano MJ., Novalbos-Ruiz JP., Canals J., Rodríguez-Martín A. (2022). «Caracterización, epidemiología y tendencias de los trastornos de la conducta alimentaria». Nutrición Hospitalaria, vol. 39, supl. 2. https://doi.org/10.20960/nh.04173
4. Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). semg.es
5. National Institute of Mental Health (NIMH). «Trastornos de la alimentación: Lo que debe saber». nimh.nih.gov
6. MSD Manuals (edición para profesionales). «Trastorno de compulsión alimentar». msdmanuals.com
7. Bratman S. (2000). Health Food Junkies: Orthorexia Nervosa. Nueva York: Broadway Books.
8. Seguridad Social de España – INSS. «Seguro Escolar: Información General». seg-social.es
Este contenido ha sido elaborado con fines informativos y educativos. No sustituye en ningún caso la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento por parte de profesionales de la salud mental especializados en Trastornos de la Conducta Alimentaria. Si tú o alguien de tu entorno necesita ayuda, te invitamos a contactar con nuestro equipo en arboretca.es.
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